Los pangolines: las otras grandes víctimas del Coronavirus COVID-19

Hay pocos animales en la Tierra que llamen tanto la atención como el pangolín. Cubierto de escamas y con un aspecto que parece haber inspirado a la mitad de los Pokémon, este grupo de especies de mamíferos es sin lugar a dudas uno de los animales más fascinantes del mundo.

Pero también, por desgracia, es el animal más traficado del planeta, según National Geographic o los listados de la UICN.

La expansión mundial del Coronavirus de Wuhan (COVID-19), con más de 120.000 contagios y cerca de 5.000 fallecidos cuando se escriben estas líneas, ha recuperado la atención sobre este ser con escamas. En un principio algunos investigadores chinos vincularon al pangolín como uno de los animales junto con los murciélagos o las serpientes que podrían haber servido de transmisor del virus a los humanos. Sin embargo, unas semanas después se retractaron de sus conclusiones. El pangolín había sido absuelto.

Seguramente lo hicieron demasiado tarde. El pangolín ha sido durante siglos un animal perseguido en Asia al considerarse su carne un manjar, pero también por adjudicarse a sus escamas cualidades curativas y de vigor sexual en la medicina tradicional asiática.

Se dijo que el pangolín pudo ser la vía de trasmisión del Coronavirus a humanos, algo que luego se ha descartado.

El hecho de que durante algunas semanas se les señalara como fuente del contagio a humanos ha hecho que varias organizaciones denuncien que se han producido matanzas en masa de estos animales en algunas zonas por miedo al contagio. Algo parecido a lo que sucedió con las civetas en 2002 y 2003 cuando también se les acusó de ser un elemento de transmisión del SARS, el síndrome respiratorio agudo severo que hace ya casi dos décadas generó una conmoción similar a la del COVID.

¿Pero qué es el pangolín y por qué es el animal más traficado del mundo?

Cuando hablamos de pangolines en realidad lo hacemos de un total de 8 especies distintas que viven en Asia y África, todas ellas pertenecientes a la orden Pholidota, que a su vez tiene tres géneros: Manis, que comprende las cuatro especies que se encuentran en Asia; y Phataginus y Smutsia, cada una con dos especies que viven en el África subsahariana.

En total como decimos 8 especies, las cuales van del tamaño de un caniche al Pangolín gigante, que puede llegar a medir 80 centímetros y pesar más de 33 kilos. Todos ellos tienen sus características escamas protectoras hechas con queratina, una cualidad única dentro de los mamíferos, y se alimentan de pequeños insectos como hormigas.

Lo que desgraciadamente también tienen en común es que de las ocho especies de pangolín, tres (Manis culionensis, M. pentadactyla y M. javanica) están en peligro crítico, otras tres (Phataginus tricuspis, Manis crassicaudata y Smutsia gigantea) están en peligro de extinción y dos (Phataginus tetradactyla y Smutsia temminckii) figuran como vulnerables en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Pangolines a la venta en un mercado de Myanmar.
Pangolines a la venta en un mercado de Myanmar. Wikimedia Commons

Los datos que han dado algunas investigaciones son aterradores para ellos. Miles de pangolines son asesinados cada año a machetazos por cazadores furtivos por sus escamas, que se cree (solo se cree) que son útiles para todo, desde infecciones hasta cáncer. También se piensa que comer fetos de pangolín hace que los hombres sean más viriles. Vender las escamas, es ilegal, pero un periodista estadounidense tardó menos de una hora en localizarlas en un mercado en China armado con un trozo de papel que decía «busco escamas de pangolín» en Chino.

Su comercio ilegal ha ido al alza en las últimas décadas después de que en África, donde principalmente se cazaba solo como alimento, haya empezado a ser codiciado para después distribuirlo hacia China, donde se pagan importantes cantidades de dinero por ellos.

En definitiva un mercado ilegal que los ha destrozado como especie, aunque no hay datos concretos de la población que queda.

Los pangolines no son la fuentes del COVID-19

Y sumado a esto, como decíamos, apareció su vinculación como supuesto foco del Coronavirus. A mediados de febrero universitarios chinos que emplearon secuenciación genómica encontraron una coincidencia del 99% entre el coronavirus encontrado en pangolines y el SARS-CoV-2, el virus responsable de la pandemia de coronavirus 2019-20 .

Sin embargo, una comparación posterior del genoma completo encontró que el pangolín y los virus humanos en realidad comparten solo el 90.3% de su ADN, descartando así a estos animales acorazados como fuente directa. El misterio del origen animal no-humano del Coronavirus sigue siendo un misterio, según publica Nature.

El foco se vuelve a poner en su tráfico ilegal

Pese a esto, la situación también tiene algo positivo. Aunque se ha reportado que la acusación inicial como causante del virus ha podido provocar que mucha gente en Asia comenzara a matarlos en masa, también ha hecho que el Gobierno chino haya prohibido el tráfico de especies exóticas vivas, el principal pozo de extinción del pangolín por las supuestas cualidades y exquisitez de su carne. Eso sí, el mercado destinado a medicina tradicional, no se ha prohibido, según el New York Times.

Esperemos que el foco de atención que el COVID-19 ha traído sobre ellos sirva para que todos seamos más conscientes del peligro que corren estos animales tan únicos, candidatos si no se hace nada a que sean una de las nuevas especies que se sumen a la lista de últimos animales extintos.

Animales extintos: Las últimas especies que hemos perdido

Imagen destacada: una cría de pangolín filipino y su madre, vía Wikimedia Commons

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