Así (de mal) funciona el mercado de derechos de emisión: el gran fracaso de la COP25

El cierre de la COP25 de Chile-Madrid ha terminado en fracaso. Los países no han conseguido ponerse de acuerdo en ninguno de los puntos marcados en rojo a pesar de la creciente preocupación por los efectos de la Crisis Climática, y solo han acabado firmando tras casi dos días de prórroga un comunicado tibio que asegura que los firmantes trabajarán por reducir sus emisiones, pero sin metas claras.

No se ha conseguido que los países más importantes presenten sus planes para reducir emisiones, pero tampoco se ha cerrado el otro gran punto a tratar: el Artículo 6 del Acuerdo de París, o lo que es lo mismo, la nueva regulación de los Mercados de Carbono.

Como Mercado de Carbono o mercado de derechos de emisión de CO2 se conoce al mecanismo administrativo por el cual países pero también empresas pueden intercambiar parte de sus emisiones contaminantes. Un ejemplo lo hace mucho más sencillo. Si un país desarrollado como Rusia prevé que va a superar el límite de emisiones de Gases de Efecto Invernadero que había acordado a nivel internacional, puede comprar a un país que calcula que no va a ‘gastar’ su tope de emisiones, a menudo, un país en vías de desarrollo.

Del Protocolo de Kioto al Artículo 6 del Acuerdo de París

Hasta ahora el mercado de emisión de CO2 se había regulado en base al Protocolo de Kioto, que data de 1997, pero en 2020 debería entrar en vigor una nueva regulación que estaba pendiente de desarrollo en el citado Artículo 6 del Acuerdo de París de 2015.

En esta nueva regulación se prevé incluir de forma más notable a las empresas pero también regular bien el mercado internacional entre estados, que hasta ahora había dado lugar a varias dudas o, dicho directamente, trampas de contabilidad.

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Aunque los Mercados de Carbono se tienen como una herramienta útil para facilitar la adaptación a la Crisis Climática y reducir las emisiones, existen organizaciones como Ecologistas en Acción que directamente los tachan como perniciosos, porque valoran que lo que hacen es «afianzar a los países ‘pobres’ como vendedores y los ricos como compradores que pueden seguir creciendo» económicamente gracias a la compra de estos derechos o bonos de emisión para seguir alimentando economías fósiles.

El Mercado de Carbono según Kioto y el problema de la doble contabilidad

Como en la COP25 no ha habido acuerdo -tampoco lo hubo en la anterior COP24 de Katowice- se ha pasado la pelota a la siguiente cita dentro de un año en Glasgow.

Por lo tanto, a día de hoy sigue funcionando las reglas vigentes por Kioto. En esta cuerdo se marcó el objetivo mundial de reducir las emisiones de CO2 un 5%, y se ponía objetivos de emisión a cada país firmante con respecto a su contaminación en 1990.

No a todos los países se les obligaba a reducir sus emisiones (y esto es un gran cambio conforme a lo que se debate ahora, según veremos), sino que a los países más desarrollados se les pedía una reducción y a los que estaban en desarrollo se les permitía seguir aumentando sus emisiones de CO2.

Según el Protocolo de Kioto, los países podían intercambiar cuotas de emisión: los más desarrollados compraban para contaminar más a los pequeños

Por ejemplo a Alemania se le puso un objetivo de reducir sus emisiones en un 21% con respecto a 1990, pero a España, que estaba en ese momento en un periodo de crecimiento y modernización aún con respecto al resto de la UE, se le permitió que crecieran un 15% en el mismo periodo.

Así las cosas, si Alemania se pasaba, podía negociar con un país que pensaba que no iba a cumplir su cupo para comprarle derechos de emisión. El problema es que, según se ha admitido en la COP25, se daba una doble contabilidad.

Lo explicamos. Si China por ejemplo se pasaba en 10.000 toneladas de CO2 emitido, podía comprárselas a un país que no las gastara -como decimos, por estar en desarrollo o en la mayoría estados pobres-. Pongamos como ejemplo Etiopía. En nuestro ejemplo, el país africano vende esa cantidad sobrante a China… pero el truco está que ambos lo siguen contabilizando a su favor.  Etiopía no se descuenta esas 10.000 toneladas de CO2 vendidas de su cupo a pesar de habérselas vendido a China, mientras que el gigante asiático también las usa como reducción. Una doble contabilidad de libro.

Los Mecanismos de Desarrollo Limpio o CDM: el otro debate

La otra pata rota del acuerdo es qué se hace con los Mecanismos de Desarrollo Limpio o CDMs por sus siglas en inglés. Este era otra herramienta que permitía que, en vez de negociar intercambios de márgenes de emisiones, un estado o una empresa ‘comprara’ toneladas de CO2 para su cupo a cambio de realizar proyectos sostenibles en países en desarrollo.

Por ejemplo, repoblar una zona del Amazonas con una inversión daba derecho a X bonos de emisión, que después se traducían en toneladas de Gases de Efecto Invernadero que el país o empresa en cuestión pueden quemar.

Ahora, algunos países como precisamente Brasil quieren que de cara a la aplicación del Acuerdo de París, se sigan teniendo en cuenta estos ‘créditos de emisión’ que han recibido algunos países y que todavía no han gastado. Y además, quiere que se potencien, porque para ellos supone también una vía de financiación al promover proyectos en la Amazonía.

Sin embargo, otro grupos de países, entre los que está la Unión Europea, mantienen que estos derechos de emisión caducan con el fin de la aplicación de Kioto, y que por lo tanto no deberían seguir teniendo validez.

¿Funcionará el mercado de emisiones con el Acuerdo de París?

Con todo esto, París entrará en vigor en solo unas semanas sin actualización del comercio de emisiones. Entre los objetivos que estaban marcados, además de limitar la doble contabilidad y controlar los mecanismo de desarrollo adquiridos, estaba también involucrar más al sector privado, pero, sobre todo, hacer que todo el mundo reduzca sus emisiones.

El Acuerdo de París espera conseguir que todos los estados reduzcan sus emisiones, y dar mayor peso a las reducciones del sector privado

Este es el gran cambio que se pretende en el Acuerdo de París: que todos los estados, estén en la situación que estén, reduzcan sus emisiones. Algo que lógicamente reduce el excedente para el mercado de carbono pero que también limita el crecimiento de países en desarrollo, que también se han opuesto. Una postura que se podría resumir en el argumento: «Vosotros, países ricos, habéis contaminado durante décadas sin filtro alguno y ahora nosotros que estamos levantando la cabeza nos decís que no lo hagáis. Lo lleváis claro».

Pese a esto, los países en desarrollo son seguramente los que menos culpa tengan de no alcanzar un acuerdo, que no obstante debe ser unánime. Gigantes como Estados Unidos, China, Rusia o contaminadores como Arabia Saudí se han puesto en contra de cualquier avance frente a la UE, que ya está trabajando con un Mercado de Emisiones interno que podría servir de inspiración.

El Mercado de Emisiones de la UE que parece que sí funciona

Y es que la Unión Europea ha sido el único bloque que parece que ha apostado por esa ambición que se pedía en la COP25 y en los últimos meses. Allí han presentado su Pacto Verde para 2050, pero también se espera que su actual mercado de carbono sirva de inspiración para el mundial del Acuerdo de París.

En Europa la regulación está aprobada desde 2005 (el llamado ETS), permitiendo que las empresas más contaminantes compren bonos de emisión de toneladas de CO2. El problema es que se sigue permitiendo contaminar, pero la postura es que las empresas deben ir dando pasos hacia la sostenibilidad si no quieren acabar teniendo que pagar millones de euros en derechos de emisión.

El precio actual de la tonelada de CO2 emitido en Europa está a 30 euros, y suele subir o bajar conforme a la situación económica. Y aunque han pasado 15 años es ahora cuando muchas centrales térmicas están cerrando o readaptándose al ver que tenían que desembolsar una gran cantidad de dinero.

Es este mecanismo, en parte, el que también pretende adoptarse en el Acuerdo de París, con la idea de regular a nivel mundial el mercado de la contaminación del sector energético, petrolero, o el aéreo. Pero como hemos visto, habrá que esperar para ver si es verdad.

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