Así era el extinto tigre de Tasmania o tilacino: sale a la luz un vídeo del último ejemplar

En 1936, Benjamin, el último tilacino o tigre de Tasmania (Thylacinus cynocephalus) que se conocía con vida, murió tras estar exhibido en el zoológico australiano de Beaumaris, en Hobart.

Con él se perdió una especie única en su género, pero solo un año antes fue filmado para un antiguo documental llamado Tasmania, el País de las Maravillas por el prolífico cineasta Sidney Cook. Ahora, una de las imágenes en las que podemos ver al último tigre de Tasmania, han salido a la luz recuperadas en buena calidad.

El vídeo de Benjamin dura sólo 21 segundos, pero eso no evita que estas imágenes valgan oro. Antes de este descubrimiento, los humanos teníamos poco más de tres minutos de imágenes silenciosas en blanco y negro de tilacinos en movimiento.

Las imágenes han sido publicadas por el Archivo Nacional de Cine y Sonido de Australia (NFSA), y son estas que puedes ver a continuación.

La extinción del Tigre de Tasmania

Hasta donde sabemos, esta es la última vez que Benjamín o cualquier otro tilacino fue capturado moviéndose ante una cámara.

A pesar de que la especie lleva extinta ya más de 80 años, la gente siempre mantiene la esperanza de que pueda aparecer más imágenes perdidas, e incluso de vez en cuando se especula con posibles avistamientos de ejemplares salvajes, que nunca ha sido de todas formas corroborados. En este caso, los miembros del archivo dicen que «siguen siendo optimistas en que más material puede aparecer en otras colecciones».

Los únicos videos de tigres de Tasmania que tenemos hasta ahora fueron tomados en zoológicos de Australia y Londres. «La NFSA conserva copias de películas de gran parte de las filmaciones conocidas que han sobrevivido de los tilacinos, pero la búsqueda continúa», se lee en un comunicado de prensa del archivo.

«Quedan por descubrir imágenes en color, vagando en la naturaleza o – lo que es más esperable – películas con sonido que revelen cualquier sonido hecho por el animal».

Este marsupial, que tenía un tamaño medio algo inferior a la de los lobos modernos y un peso de entre 20 y 30 kilos, fue cazado durante siglos desde la llegada de los occidentales a Australia, para que después acabara perdiendo su hábitat por la llegada de otros superdepredadores como el Dingo.

Aunque su apariencia se parece a la de un perro, no tiene nada que ver con los cánidos. Como decimos el tilacino -también llamado lobo marsupial- está más emparentado con los canguros, por ejemplo, siendo su pariente más cercano vivo el demonio de Tasmania. Sin embargo, debido a un fenómeno de convergencia evolutiva, desarrolló una apariencia que recuerda a los grandes canes.

Estas imágenes nos darían una visión sin precedentes de este marsupial carnívoro extinto, del que sabemos muy poco, aunque algunos científicos han estado intentando secuenciar los genes de la especie para saber más de ellos e incluso tener la posibilidad de clonarlo en el futuro.

En las palabras en audio que acompañan el vídeo, se puede oír al narrador explicando que el tigre de Tasmania «es ahora muy raro, siendo expulsado de su hábitat natural con la llegada de la civilización».

Tal vez la historia de Benjamin sea algo de lo que aún podamos aprender en la actualidad, sobre todo teniendo en cuenta que cada año se suman más especies a la triste lista de últimos animales extintos.

Había 5.000 tilacinos antes de la llegada de los Europeos

Se estima que había alrededor de 5.000 tilacinos en Tasmania en el momento de la colonización europea. Sin embargo, la caza excesiva, combinada con factores como la destrucción del hábitat y las enfermedades importadas, condujo a la rápida extinción de la especie.

El nombre «tilacino» se traduce aproximadamente (del griego al latín) como «bolsa con cabeza de perro».

El tilacino fue el carnívoro marsupial más grande del mundo, recibiendo su nombre de ‘Tigre’ por las rayas de su lomo.

A pesar de su feroz reputación, el tigre era seminocturno y se le describía como bastante tímido, generalmente evitando el contacto con los humanos.

Se han encontrado restos fosilizados de tilacinos en Papua Nueva Guinea, en todo el territorio continental australiano y en Tasmania.

Varios factores, incluida la introducción del dingo, condujeron a la extinción del tilacino en todas estas zonas, excepto en Tasmania, donde se mantuvieron los últimos ejemplares.

Al menos 2.000 tilacinos fueron cazados con un sistema de recompensas

El establecimiento de las primeras colonias en Tasmania a principios del siglo XIX también trajo consigo la industria agrícola. Los colonos despejaron grandes áreas de tierra y cultivaron ganado como ovejas y vacas. Entonces, rápidamente el tilacino se convirtió en un chivo expiatorio fácil al que acusar de la pérdida de ganado, aunque se cree que en esto influyó más perros asalvajados que fueron traídos por los propios colonos y que, debido a una mala gestión, acabaron formando jaurías que atacaban a las reses.

En 1888 el Gobierno de Tasmania también introdujo una recompensa de 1 libra por animal adulto y 10 chelines por animal joven aniquilado.

Ya en 1830 se habían establecido sistemas de recompensas por la caza del tilacino, en los que los propietarios de las granjas reunían dinero para pagar las pieles. En 1888 el Gobierno de Tasmania también introdujo una recompensa de 1 libra por animal adulto y 10 chelines por animal joven aniquilado. El programa se extendió hasta 1909 y dio lugar a la concesión de más de 2180 recompensas.

Se estima que al menos 3500 tilacinos fueron abatidos por la caza humana entre 1830 y la década de 1920. La introducción de especies competitivas como los perros salvajes, las enfermedades foráneas, incluida la sarna, y la extensa destrucción del hábitat también contribuyeron en gran medida a la pérdida de una especie desde luego única.

Solo se protegió unos meses antes de que se extinguiera

La última cacería conocida de un tilacino silvestre tuvo lugar en 1930, y a mediados de esa década los avistamientos en la naturaleza ya eran extremadamente raros. Las autoridades de las comunidades científicas y zoológicas se preocuparon por el estado de una población diezmada y presionaron para que se adoptaran medidas de preservación.

Sin embargo, el cambio en la opinión pública y el comienzo de las medidas de conservación llegó demasiado tarde. Se concedió a la especie la condición de protegida sólo 59 días antes de la muerte de Benjamín.

Los esfuerzos posteriores por capturar especímenes para los zoológicos y museos no tuvieron éxito y nunca se encontró ninguno. Desde entonces, se han organizado muchas expediciones para buscar al tilacino en las zonas silvestres de Tasmania y sigue habiendo muchos avistamientos notificados por personas que creen que el animal sigue vivo.

A pesar de ello, no hay pruebas concluyentes de la existencia con vida del animal, que fue catalogado oficialmente como extinto en 1986.

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