Incendios del Amazonas: Datos, información y ‘fake news’ sobre el desastre ecológico

Las cifras sobre los incendios del Amazonas de este verano han generado controversia en algunas ocasiones, lo que ha dividido los esfuerzos por actuar. Aquí intentamos poner en negro sobre blanco algunos datos y perspectivas sobre lo ocurrido.


El Amazonas ha copado la información por sus incendios durante las últimas semanas de agosto. Quizá, en gran medida y por desgracia, por la falta de otras noticias de la que adolecen los medios en épocas estivales en el hemisferio norte. Eso no quita, por el contrario, que que se haya puesto el foco en el drama ecológico que sufre este verano la mayor reserva natural de la Tierra no sea una buena noticia.

Tras unos días en los que se difundieron multitud de datos, información y cortes en los telediarios de los fuegos amazónicos, la corriente pasó después a dejar un espacio también a informaciones más críticas que comentaban que mientras el mundo miraba a la Amazonía, África ardía todavía aún más sin que le prestáramos atención. Y eso es cierto, había muchos más fuegos detectados.

En cierto modo se ha dado la vuelta a una comparación odiosa. Cuando saltaron las noticias de los fuegos en el Amazonas, muchos comentarios en redes recordaron cómo el mundo aunó enseguida fondos y recursos ante el incendio que destruyó la catedral de Notre-Dame hace unos meses. Ahora, en esa misma comparación -un tanto perversa, pero que tiene su dosis de verdad- muchos dicen que solo se habla del Amazonas y no de África.

En las siguientes líneas intentaremos poner en negro sobre blanco qué sabemos en concreto de los incendios, que no, y cómo también la desinformación, las fake-news y las redes sociales han hecho una zancadilla a algo que realmente debería preocuparnos a todos: el Amazonas en sí mismo, haya una oleada inmensa de incendios o no:

¿Cuántos incendios ha habido exactamente en el Amazonas?

Los datos son válidos, pero hay que conocer su trasfondo

Uno de los datos que más difusión tuvo es que en el Amazonas, solo incluyendo su superficie en Brasil (el 65% del total, aproximadamente) se habían dado más de 72.000 fuegos en lo que va de año. ¿De dónde salen estos datos? ¿Hasta qué punto son concretos?

Los datos proceden del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales brasileño (INPE), que los toma a través de un sistema de satélites. Obviamente, la cifra concreta de 72.843 incendios -hasta el 23 de agosto- es una barbaridad. Sin embargo no es la estimación más alta. La NASA, con su sistema de detección MODIS, que se puede consultar en Global Forest Watch Fires, eleva la cifra a 693.965 alertas.

Es importante esta condición de alertas. La NASA mide alertas de incendios derivadas de alteraciones térmicas, pero no todos tienen que ser incendios. Muchos pueden ser conatos, y otras alteraciones provocadas por factores volcánicos o incluso refinerías y centrales. Los datos del INPE, por su parte, toman el mismo sistema de medición, pero filtrado en base a un mayor número de variantes.

En resumen: la cifra más concreta es la del INPE, pero ninguna es concreta al 100%. De hecho, es muy probable que sea imposible saber cuántos incendios ha habido y que haya que esperar varios meses para tener un número más exacto.

Ahora bien, ¿son muchos o pocos? para eso necesitamos compararlos.

Tomando la medición satelital de Global Forest Watch Fires, por ejemplo en España se dice que en los que va de año ha habido más de 12.000 alertas. ¿Y los datos del INPE, que parecen más cercanos? La siguiente tabla muestra el número de alertas registradas por este organismo en los últimos años.

Como vemos, la cifra apunta a un récord, pero no se va demasiado de los más de 70.000 que también se declararon en 2016, donde concurrió un factor determinante: El Niño. Y es que los incendios en la cuenca amazónica son especialmente graves cuando ocurre El Niño, un fenómeno meteorológico natural y cíclico que escuchamos año sí y año no, vinculado a un incremento de las temperaturas en la parte oriental del Pacífico tropical. Los 70.625 focos registrados en 2016 coincidieron con un evento de El Niño potente. Este año, sin embargo, el fenómeno es débil y, pese a ello, se han detectado más incendios.

Es decir, que se puede hablar de que existiendo una situación más favorable para que haya menos incendios, este año está habiendo muchos.

Si alargamos los datos unos años más en el pasado, se aprecia, como han señalado varios artículos que tildaban a la baja la gravedad de los incendios, que los 72.000 fuegos de este año pueden no ser muchos. Eso se debe, según otros análisis, a que en los 90 la selva Amazónica sufrió su mayor etapa de deforestación por culpa de la desregulación, la tala indiscriminada, la búsqueda de recursos, y la ganadería extensiva.

De 2000 a 2017, se perdió un área de selva amazónica similar a la de Alemania

Porque el Amazonas es cada vez más pequeño por culpa de los fuegos. De 2000 a 2017, se perdió un área similar a la de Alemania, es decir cerca de 400.000 kilómetros cuadrados, según la Universidad de Oklahoma.

El siguiente gráfico, también del INPE, muestra cómo este grado de deforestación tendió a remitir a partir de la mitad de la pasada década gracias a unas políticas más proteccionistas, hasta que, en 2013, la deforestación volvió a subir.

Evolución deforestación Amazonas estadísticas
Evolución deforestación Amazonas (INPE).

¿Qué significa esto? Que el contexto vuelve a cambiar. En los 90 había mucha más masa selvática y por lo tanto podía haber muchos más incendios. Ahora, que el número no llegue a ser tan grande, no significa que en proporción también sea menor.

Lo innegable: la posición anti Amazónica del gobierno de Jair Bolsonaro

A ello se suma como no un componente extraecológico. Los fuegos de este verano están relacionados de una forma u otra con el escaso peso que da el nuevo Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, a la protección medioambiental.

Aunque ha moderado su discurso desde que llegara al poder, Bolsonaro ha estado imponiendo medidas mal llamadas desarrollistas para dar facilidades a la explotación de los recursos del Amazonas. Facilidad para que los ganaderos quemen terrenos para conseguir zonas de pasto, atracción de industrias extractivas… algo que en menor medida también se concede por otra parte en el Gobierno vecino de Bolivia, en las antípodas ideológicas supuestamente, pero donde prima la necesidad de recursos e inversión extranjera.

The Economist publicó un reportaje en el que aportaba unos datos que comparaban que desde que Bolsonaro llegó al poder los árboles han desaparecido a un ratio de dos áreas de Manhattan por semana. Otra de las medidas de Bolsonaro nada más llegar fue despedir al anterior director del INPE, tildar sus informes de engañosos, y tener una posición negacionista del cambio climático.

Desde que Bolsonaro llegó al poder los árboles han desaparecido a un ratio de dos áreas de Manhattan por semana

También ha llegado a culpar a las ONGs de los incendios para así conseguir más fondos. Aquí también interviene otro factor, y es las donaciones al Fondo Amazonia que hacían países extranjeros, de las que se nutría muchas de estas organizaciones, fueron congeladas por algunos de sus mayores donantes debido a que tras el cambio de gobierno y la entrada de Bolsonaro, países como Noruega o Alemania no veían garantías de que el dinero se fuera a emplear en luchar contra la deforestación con garantías.

Estas donaciones tampoco están libres de que les podamos poner la lupa en cierto modo, ya que por ejemplo Noruega -país que tiene grandes intereses en los recursos del Amazonas, aunque esa es otra gran historia– había donado más de 1.000 millones de dólares a este fondo en la última década para revertir parte de los daños que causan sus explotaciones. El clásico juego de pagar por los pecados medioambientales, y así sentirse mejor.

En este pozo que no huele nada bien, quizá una de las opiniones más concretas que he leído en los últimos días fuera la que dio la bióloga brasileña de la Universidad de Sheffield Manoela Machado a El País:

“Es cierto que el bosque amazónico sufre incendios regularmente, pero de ninguna manera esto significa que sea normal. La Amazonia no evolucionó con incendios frecuentes. Los fuegos recurrentes no son un elemento natural en la dinámica de la selva tropical, como sí lo son en otros entornos, como El Cerrado [una región de sabana ubicada principalmente en Brasil]”.

Vamos, que el Amazonas está sufriendo un desastre sin paños calientes, aunque les pongamos todos los matices que queramos.

Las medias-verdades, fake news y bulos sobre los incendios del Amazonas

En este contexto, el ecosistema de las redes sociales, los bulos y las fake news tampoco ha ayudado. Algunas media-verdades y datos mal contados en las redes han dado pábulo a negacionistas del cambio climático para asegurar que se estaba exagerando la situación. Y también el uso global de algunas imágenes que no estaban bien citadas o contextualizadas.

Por ejemplo, el actor Leonardo DiCaprio, conocido por su labor conservacionista, compartió en sus perfiles varias fotos de incendios en el Amazonas. El error: no eran de este año. ¿Les quita esto validez? Seguramente no, quizá si acaso remarquen que el drama de los incendios en el Amazonas es perenne, pero como decimos esto dejó una rendija para que los mayores opositores a la protección del medioambiente olieran sangre:

La fotografía que compartió DiCaprio es obra del fotógrafo Mohsin Kazmi, y su origen es de diciembre de 2015. También le ocurrió algo parecido al Presidente francés Emmanuel Macron, uno de los líderes políticos que más ha alzado la voz para actuar conjuntamente para proteger el Amazonas.

 

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En su caso, compartió una imagen de un fuego del fotógrafo Loren McIntyre, fallecido en 2003.

Lo mismo le ocurrió a Cristiano Ronaldo, con una imagen de 2013 tomada por el fotógrafo Lauro Alves para Getty:

Fueron varios los usuarios que reportaron que las imágenes no correspondían a los incendios actuales. Algo que como decimos seguramente no importe nada. MalditoBulo, proyecto periodístico dedicado a desmentir fake news, también ha avisado de la falsedad de otras tantas imágenes, relatos o vídeos en los que supuestamente se acusaba al gobierno brasileño de provocar los incendios. Desinformaciones que cuando se descubren, en definitiva, dan más alas a las personas que quieren quitar importancia al desastre ecológico que está pasando.

Sin embargo, ante desastres como este, y la voracidad con la que a veces nos echamos dardos a la cara sin solucionar un problema ( como si nos dijéramos «Hay incendios en África, ergo, deja de hablar tanto del Amazonas»), quizá sea bueno también que todos cuidemos lo que compartimos en redes sociales, los datos que dan los medios, y las personas con exposición pública importante.

Porque quizá deberíamos centrarnos en lo importante:

La selva amazónica alberga el 10% de todas las especies conocidas de animales y plantas y almacena 100.000 millones de toneladas de carbono, una cantidad 10 veces superior a la emitida cada año por el uso de combustibles fósiles, según los cálculos de la Universidad del Estado de Oregon (EE UU).

Se sabe que es hábitat de 2,5 millones de especies de insectos, 2.500 especies de peces, más de 1.500 de aves, 550 de reptiles y 500 de mamíferos, según la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica.

Pero continuamente se descubren nuevas especies animales, además de que el bioma amazónico contiene unas 30.000 especies de plantas.

Imagen destacada: emisión de CO2 a la atmósfera provocada por los incendios de Windy.com

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